Ir al mismo sitio, colocar las manos sobre la misma roca, escalar la misma pared, caer, bajar al suelo, descansar y volver a escalar, a caer, a bajar. Días, semanas, meses. Una vez, y otra, y otra, y después otra. Jorge Díaz-Rullo estuvo así prácticamente cinco años obsesionado con el mismo muro en Margalef, una zona icónica de escalada cerca de Tarragona. La vía desplomada de unos 30 metros, conocida como Café Colombia, fue su proyecto, luego su obsesión y, a ratos, su condena. Empezó en junio de 2021 y acabó la pasada primavera, en marzo de este año, después de 240 jornadas allí y más de un centenar de intentos. Hoy esa pared es la quinta propuesta de grado 9c, el grado de dificultad más alto de la historia de la escalada, ya que no existe ninguno superior.
"La vía no es nada comparable a lo que he vivido anteriormente. Me llevó a otro nivel de exigencia en todos los sentidos. Tengo un sentimiento dentro que me dice que puede ir más allá del 9c, que podría ser el primer 9c+", cuenta Díaz-Rullo en conversación con EL MUNDO.
- ¿Por qué es tan dura?
- Tiene tres secciones que son muy difíciles por sí solas: una 8+, una 8b y otra 8b final. Cada una de ellas exige algo diferente, pero la que me llevó más al límite fue la última. Tenía que hacer 30 movimientos de pura resistencia y podía sentir la fatiga hasta en los dedos. Al final de todo se necesita mucha explosividad, y eso es lo que hace que Café Colombia sea tan dura.
De Madrid al mundo
Díaz-Rullo tiene 27 años, es de Madrid -de Vallecas- y es el mejor escalador español de roca del momento. Antes de Café Colombia ya había encadenado 12 de las vías más complicadas del mundo, llevando una vida completamente nómada. "En Vallecas hay un pequeño rocódromo y cuando tenía 12 añitos mi hermano me convenció para que probase. No me gustó mucho y se me daba bastante mal; prefería jugar al fútbol. Pero con el tiempo la escalada me fue atrayendo, empezó a llamar mi atención y al final acabé totalmente inmerso", recuerda Díaz-Rullo, algo así como un niño prodigio. Sin nadie que lo llevara a la montaña, estuvo años sin probar la roca, pero en cuanto se puso a ello llegó un logro, luego otro, y así sucesivamente.
"La escalada es como un videojuego. Cuando empiezas, es fácil progresar. Pero según vas subiendo de nivel, cada vez hay más diferencia entre un grado y otro, y cuando llegas al noveno grado es una locura. Por ejemplo, para llegar a este 9c, tuve que hacer siete rutas de grado 9b y unas 80 rutas de noveno grado", añade el escalador, que ahí, al final de ese incremento de dificultad, se encontró con Café Colombia.
Del descubrimiento posterior a la pandemia se pasó a alguna temporada en blanco y a unos meses especialmente crueles. Justo un año antes de completar la vía, en la primavera de 2025, Díaz-Rullo ya estuvo muy cerca de conseguirlo, pero no lo logró. Luego llegó un verano de entrenamientos para lograrlo y, después, en otoño, el peor momento de todo el proceso. "Ni siquiera me acerqué a ninguno de los intentos que había hecho en primavera. Me comparaba con mi yo antiguo y eso me destrozó. Estuve muy cerca de abandonar. Salir de ese bucle no fue fácil", reconoce el español, que agradece la ayuda de quienes lo sostuvieron: su equipo de Sputnik Climbing -entrenadores, psicólogo, fisios- y sus compañeros de roca. "Sin ellos no hubiese podido continuar".
- Se obsesionó con esa pared.
- Cuando estás inmerso en algo así, ni siquiera eres consciente de lo que sacrificas. Llegó un momento en que todo giraba en torno a Café Colombia; se convirtió en una prioridad en mi vida. Todo lo demás pasó a un segundo plano. Dejé muchas cosas de lado, entre ellas otros proyectos que me habría hecho ilusión abordar. Fue una etapa muy dura de mi carrera, pero al mismo tiempo muy gratificante. Ahora soy feliz de haberlo superado.
Una vía única, en España
Cuando un escalador abre una vía, propone un grado de dificultad, pero deben ser los demás escaladores que la completen -los repetidores- quienes lo confirmen. En el mundo solo hay cinco propuestas de grado 9c: dos en Noruega, una en Francia, una en Estados Unidos y la de Díaz-Rullo en España, y ninguna se ha repetido todavía. "Hay que esperar a escuchar la opinión de los repetidores. Me haría mucha ilusión que aparecieran pronto", cuenta el español, que admite haber quedado marcado para siempre por lo vivido en esa pared. "No olvidaré jamás esa relación de años entre la vía y yo. Ha sido una larga historia", proclama.
De hecho, han pasado varios meses desde el encadenamiento y Díaz-Rullo todavía está digiriendo lo que ocurrió. A corto plazo no se plantea ningún proyecto igual de duro: necesita recuperarse y cambiar de registro -bulder, escalada a vista, estilos que ha tenido aparcados demasiado tiempo-. A largo plazo, quién sabe. El siguiente megaproyecto llegará, pero por ahora ese objetivo no tiene ni lugar ni nombre. Café Colombia siempre será Café Colombia. "Fue un objetivo de vida que, por fin, se hizo realidad", cierra.