Cultura

Cristina Fernández Cubas, maestra de los relatos fantásticos, gana el Premio Cervantes

Cristina Fernández Cubas, maestra de los relatos fantásticos, gana el Premio Cervantes

El Premio Cervantes, el galardón más importante de las Letras Hispánicas, ha recaído en Cristina Fernández Cubas, narradora barcelonesa, autora de una obra basada en los relatos cortos, a menudo mágicos pero también precisos. Cubas sucede en el palmarés al mexicano Gonzalo Celorio y es la séptima mujer en recibir el premio desde 1976.

El fallo del jurado del Cervantes reconoce "la originalidad, la excelencia y la coherencia de una obra que ha renovado el cuento contemporáneo y transformado la literatura fantástica en español. Su sólida trayectoria ha contribuido decisivamente a revalorizar el relato breve, reivindicándolo como una forma de expresión autónoma capaz de alcanzar la máxima intensidad estética y hondura existencial". El fallo del Cervantes también sostiene que "a través de una precisión narrativa impecable, el dominio absoluto del punto de vista y la administración de los silencios, sus historias se convierten en experiencias perdurables que interpelan directamente al lector y desestabilizan sus certezas al descubrir lo inquietante en lo cotidiano y cuestionar los límites de la realidad, la identidad y el conocimiento. Lejos de ofrecer explicaciones tranquilizadoras, sus relatos preservan la ambigüedad y hacen de la imaginación una herramienta de exploración de la experiencia humana".

Todos los cuentos (Tusquets, 2008), la recopilación que reunió los primeros cinco libros de relatos de Fernández Cubas, fue el primer hito que llamó la atención masiva sobre la obra de su autora. Allí aparecían 21 relatos escritos como miniaturas y unidos por una sensación de inestabilidad, por retratar ambiguamente la moral y la verosimilitud de sus personajes. En los textos de Fernández Cubas, lo que parecía cierto, terminaba por ser pantanoso y los personajes con los que era fácil empatizar se convertían en los más desasosegantes.

"Y fue así desde mi primer libro", dijo Fernández Cubas a EL MUNDO en 2023, tras recibir el Premio Nacional de Las Letras. "Hace unos años lo reeditamos y me reconocí perfectamente en él... Se llamaba Mi hermana Elba y apareció en 1980 en una colección de libritos plateados que sacaba Tusquets. Tusquets no era en esa época la gran editorial que es hoy, era un sello pequeño y mis expectativas también eran pequeñas. Escribía cuentos, que no era un género que tuviese muchos lectores. Pensaba que conectaría con 100 personas, con 200... Pero mi editora, Beatriz de Moura, creyó en mí y encontré un camino. Con los años, todo se ha ido complicando, aunque intento que no se note mucho".

Una nota biográfica breve: Cristina Fernández Cubas nació en Barcelona en 1945, en una de las familias que habían ganado la guerra, según el título de Esther Tusquets, en un mundo que quizá recordara al de Nada de Carmen Laforet y que fue el mundo en el que creció Enrique Vila-Matas. Se crio con una niñera llamada Antonia a la que ha descrito como a una narradora oral nata, y estudió Derecho y Periodismo antes de caer en la redacción de la revista Fotogramas. Escribió en Ajoblanco, dio vueltas por el mundo y regresó a su ciudad para empezar la segunda parte de su vida como escritora.

¿Hay un hilo común entre los 10 títulos de narrativa que ha publicado Fernández Cubas? "Claro. Hay muchas cosas que no han cambiado nunca. La preocupación por el lenguaje, la búsqueda obsesiva por la precisión, por dar con la palabra que nombra más exactamente las cosas", dijo la autora en 20230. "Las inquietudes también son las mismas. Mis cuentos hablan de situaciones cotidianas en las que aparece algo de pronto y rompe con lo que parecía estable. Y también están los espacios, que están hechos de clarosuros, de situaciones confusas entre la memoria y el sueño".

Buhardillas, casas abandonadas, recuerdos de la infancia... Los escenarios clásicos de la literatura fantástica. "No me considero una escritora de fantasía pero sí es cierto que lo innombrable, lo fantástico, aparece y coquetea con lo que escribo. Y la razón es que yo creo en lo que veo y en lo que no veo, porque lo que no veo no tiene por qué no existir por el hecho de que no lo vea", dijo la autora en una entrevista publicada por EL MUNDO en 2016.

La habitación de Nona, (Tusquets, 2015), , amplió su prestigio y asoció la mirada de Fernández Cubas a las relaciones familiares y al abismo de la infancia. En el relato que daba títuo al libro, una niña se fijaba en su hermana, Nona, primero desde los celos por su brillantez. Después, desde la angustia por la manera en que Nona se encerraba en si misma. Y, al final, desde la extrañeza. En esa época llegaba a las librerías una nueva generación de autoras de relatos, mujeres españolas y latinoamericanas que por entonces rondaban los 30 años y que, a menudo, estaban unidas por una inminencia del terror y un sentido muy preciso de la narración corta. Para todas ellas, Fernández Cubas fue una pionera.

"Mis historias son atemporales,a menudo, las localizaciones son imprecisas. Yo me veo a mí misma como a una escritora atemporal, pero no mucho. En realidad, lo fantástico también sirve para reflexionar sobre la condición humana, que esa sí que es atemporal", dice la escritora. "Supongo que mis íntimos le dirán estoy en mi mundo y que eso se nota también en mis libros".

Fernández Cubas también es autora de tres novelas. El columpio (1995), la más destacada de ellas, era en realidad, una ampliación de sus cuentos, un nouvelle de ciento y pocas páginas basada en un viaje hasta un caserón abandonado. Incluso el libro de memorias de Fernández Cubas, Cosas que ya no existen, está fragmentado en 15 narraciones personales, construidas a partir de anécdotas.


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