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La guerra invisible del Báltico: los drones de Putin miden la resistencia de Europa

La guerra invisible del Báltico: los drones de Putin miden la resistencia de Europa

En las capitales del Báltico, el estruendo de la geopolítica ya no viene sólo en forma de discursos encendidos o tanques movilizándose al otro lado de la frontera, en la vecina Federación Rusa. Viene suspendido en el aire, en el ronroneo metálico e intermitente de aparatos no tripulados que violan el espacio aéreo, activando alarmas antiaéreas, obligando a cerrar escuelas, interrumpiendo transportes y empujando a familias enteras -incluidos los líderes políticos de la región- a protegerse en búnkeres subterráneos. Una realidad casi diaria del flanco oriental europeo.

Hasta esta primera línea de contención del expansionismo ruso se ha desplazado la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Desde Vilna, arropada por los mandatarios de Estonia, Letonia y Lituania, la jefa del Ejecutivo comunitario ha querido verbalizar una advertencia que resuena con fuerza en los despachos de Bruselas y en los cuarteles de la OTAN: las constantes incursiones de drones no son descuidos técnicos, sino un test de estrés deliberado a la seguridad del bloque. Una ofensiva en toda regla dentro de la llamada "guerra híbrida" del Kremlin.

"Lo que hoy están viviendo ustedes aquí, el resto de Europa podría enfrentarlo mañana", ha sentenciado Von der Leyen, con ese tono grave y medido que reserva para los momentos en los que el proyecto europeo se juega el tipo en las costuras de sus fronteras.

La estrategia de Moscú es tan vieja como la propia guerra, pero adaptada al siglo XXI: fatigar al adversario, sembrar el pánico y minar la cohesión social. Guerra híbrida, se le llama. Al provocar alertas de ataque aéreo continuas, el Kremlin busca desestabilizar las democracias bálticas. Sin embargo, el diagnóstico de Bruselas es tajante: la guerra híbrida rusa "fracasará", del mismo modo que fracasó cuando Moscú intentó instrumentalizar la migración forzosa en las fronteras de Bielorrusia o cuando cortó los flujos energéticos.

Pero la solidaridad retórica ya no basta para tapar las grietas. Las recientes incursiones han dejado al descubierto las preocupantes vulnerabilidades en los sistemas de defensa aérea de los países bálticos. La respuesta de la Unión Europea ante esta brecha de seguridad no se va a limitar a las declaraciones de condena: se traducirá en un paquete financiero sustancial de 12.000 millones de euros a través del programa SAFE (Seguridad para la Preparación de Europa), una inyección económica destinada a blindar la resiliencia de la región y de la cual el plan de Lituania ya ha recibido luz verde.

Es lo que le pidieron los mandatarios: dinero y protección. "No son provocaciones aisladas o incidentes aleatorios. Son consecuencias directas de la agresión rusa contra Ucrania y un recordatorio de lo cerca que está la guerra", dijo en una rueda de prensa conjunta en Vilna el presidente lituano, Gitanas Nauseda, en relación a los sucesos, que inscribió dentro de una estrategia de "guerra híbrida" rusa. "Los cielos sobre el (mar) Báltico no son lo suficientemente seguros", lamentó, y denunció que "a diario" se producen sucesos como incursiones de drones, interferencias electrónicas, campañas de desinformación, alegaciones falsas e incluso amenazas de sabotaje.

Por todo ello, las "palabras de solidaridad" por sí solas no son suficientes, sino que la Unión Europea (UE) debe actuar de forma rápida y concreta para fortalecer la seguridad del flanco oriental, dijo Nauseda, según recoge la Agencia EFE.

El escudo báltico y la alianza UE-OTAN

Para frenar esta sangría soberana en los cielos, Von der Leyen ha puesto sobre la mesa medidas estructurales urgentes. La propuesta estrella es una revisión conjunta entre la UE y la OTAN de los sistemas de defensa contra drones en el Báltico. Se busca conectar de forma sistemática las defensas nacionales con tecnologías satelitales punteras como los programas europeos Copernicus y Galileo, y unificar los sistemas de alerta transfronterizos.

El objetivo es ambicioso: convertir la iniciativa Eastern Flank Watch (Vigilancia del Flanco Oriental) en una columna vertebral inquebrantable de la arquitectura de seguridad del viejo continente. Además, la Comisión aboga por el desarrollo de un protocolo específico para situaciones híbridas que permita la movilización exprés de todos los instrumentos comunitarios disponibles. "La disuasión es la mejor estrategia para preservar la paz", recuerdan desde la comitiva europea, sostienen en Euractiv.

Mientras tanto, sobre el terreno, los países afectados no esperan de brazos cruzados. Letonia ya ha anunciado el despliegue inminente de drones interceptores y torretas automatizadas en su linde fronteriza. Saben que la soberanía se defiende metro a metro, pero también frecuencia a frecuencia.

Ahora está por ver si el club comunitario es capaz de proteger a sus ciudadanos de la guerra invisible de Vladímir Putin o si, por el contrario, el zumbido de los drones terminará por quebrar la unidad de un continente que vuelve a mirar de reojo hacia el este. Y ya sabe lo que es lamentarse, con invasiones como la de Ucrania. 

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