Cultura

Álvaro Fierro trae a Platón y a Cristo a la actualidad: "Tanto la filosofía como la religión han sido los grandes discursos de la historia"

Álvaro Fierro trae a Platón y a Cristo a la actualidad: "Tanto la filosofía como la religión han sido los grandes discursos de la historia"

En Teoría de los escaparates, el escritor Álvaro Fierro (Madrid, 1965) dibuja una distopía ambientada en Insomnio, un país imaginario sometido al HiperTestamento: una constitución absoluta que rige el destino de vivos y muertos, y que regula desde las acciones hasta las leyes de la física y la bioquímica. Ahí, el relato se despliega en colosales pabellones donde cientos de creadores son condenados a jornadas interminables para redactar acontecimientos que, inevitablemente, terminarán por suplantar la propia realidad.

«Es un mundo al que llegan, después de la muerte, literatos de todas las épocas para colaborar en un proyecto burocrático con el que Platón busca materializar su visión del mundo perfecto. Sin embargo, la historia no sucede en la antigüedad, sino en el presente: un espacio donde la escritura se pervierte y los protagonistas, en lugar de narrar, dictan órdenes», explica el autor.

En este experimento, los participantes permanecen bajo la estricta tutela de la Oficina de la Ortodoxia y el Centro Forense de Investigación de los Escritores Inútiles, encargados de fiscalizar una dieta exclusiva de libros y erradicar el delito de la originalidad. Sin embargo, el orden peligra: un grupo de sectas poéticas intentan derribar el sistema mediante «atentados gramaticales» que reivindican la metáfora frente a la precisión.

La idea de la novela nació mientras Fierro caminaba por las calles de Madrid y se detuvo ante un peculiar escaparate: un tenedor, coronado como un rey, aparecía rodeado de cucharas a modo de súbditos. En ese instante, el autor comprendió que «las vitrinas comerciales funcionan como un género literario». Una forma de comunicación donde, más allá del objeto expuesto, opera una retórica fascinante que «podría traducirse a través de las ideas de Platón».

En un universo donde la poesía está prohibida, los escritores han renunciado a su creatividad y hablan una «unilengua», Jesucristo regresa como un genio de la ingeniería y la estadística para habitar un mundo que ya no reconoce. Su misión no es divina, sino terrenal: la Iglesia ha fracasado y la fe necesita una reforma. «Ni amamos, ni perdonamos, ni actuamos conforme a los preceptos del cristianismo. En la novela, Jesús ha perdido la comunicación con Dios y la capacidad de hacer milagros».

Fierro plantea una alianza imposible: el griego intenta persuadir al Mesías para que abrace su doctrina. «Tanto la filosofía como la religión han sido los grandes discursos de la historia. Sabemos cómo respondieron ambos personajes a los conflictos de su época, pero desconocemos cómo actuarían frente a los problemas de hoy. Yo he intentado traer a Platón y a Cristo a la actualidad, con sus pretensiones, contradicciones y éxitos».

El escritor 13.456, encargado de redactar los discursos de Platón, abandona su papel secundario al enamorarse de una mujer envuelta en misterio. La trama entrelaza a grandes pensadores como Sócrates y Aristóteles con los personajes concebidos por el autor para responder una pregunta esencial: «¿qué pasaría si la vida nos concediera más tiempo? El gran motivo del libro es la muerte. La literatura tiene el deber de recordarnos que el cambio es posible, precisamente porque los seres humanos no tenemos remedio y siempre buscamos excusas: aunque nos concedieran más horas, haríamos lo mismo».

De forma paralela, el autor presenta el segundo tomo de esta trilogía, Jesucristo MMMDCCXVII, que explora «las ruinas de la teología para convertir el dogma en símbolo, la parábola en lenguaje y los milagros en ironía». En esta nueva entrega, el Hijo de Dios propone el Santísimo Cuarteto para facilitar el tránsito de los pecadores hacia la virtud.

Aunque la obra se desarrolla en el terreno de la ficción, dialoga constantemente con la vida cotidiana. «Los partidos políticos y las grandes corporaciones no utilizan la palabra para comunicar, sino como una herramienta de persuasión destinada a moldear nuestra conducta. Yo invito al lector a poner en marcha su imaginación, porque las páginas conducen hacia un descubrimiento personal», concluye Fierro.


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