Cultura

Siri Hustvedt, sobre Paul Auster: "Sucedieron cosas horribles en nuestra vida, pero lo nuestro nunca fue horrible. Lo horrible no nos destruyó"

Siri Hustvedt, sobre Paul Auster: "Sucedieron cosas horribles en nuestra vida, pero lo nuestro nunca fue horrible. Lo horrible no nos destruyó"

Algunos datos sobre Historias de fantasmas, de Siri Hustvedt (Seix Barral): uno: los protagonistas del texto son Paul Auster y Siri Hustvedt, entendidos como personas independientes pero, también como un todo, como una entidad colectiva, Paul-y-Siri. Dos: el relato de la muerte de Paul Auster es escalofriante pero también dulcísimo. Tres: hay páginas de política en el libro. Auster se negaba a llamar a Donald Trump por su nombre. Lo llamaba el 45, porque fue el 45º presidente de Estados Unidos. Ahora es el 45ª y el 47º pero Auster murió antes de que Trump ganara sus terceras elecciones.

Cinco: hay otro drama en Historias de fantasmas, el de Daniel, el hijo de Auster, hijastro de Hustvedt, que creció como un niño en conflicto permanente con el mundo. En 2021, la hija de Daniel, Ruby, murió envenenada por las drogas de su padre. En 2022, Daniel murió de sobredosis. Y, aun así, el libro de Hustvedt es dulce y conmovedor. En su portada, ella y su marido aparecen recién casados.

¿Puedo preguntarle por la fotografía de la portada? ¿Eran ustedes así de guapos o solo es una buena foto?
Es de cuando nos casamos. Bueno, no, porque nos casamos antes, en una ceremonia muy urgente, en el Bloomsday de 1982. Pero mis padres querían una fiesta. Así que estuvimos en Francia de luna de miel y a la vuelta hubo una fiesta y de ahí viene la foto. No sé si éramos tan de guapos. Pero bueno: me hicieron un documetal poco antes de morir Paul y estuvomos buscando fotos antiguas y localizaciones. Y Paul ayudaba a buscar y decía de repente al encontrar una foto: ¡Éramos espectaculares! ¡Madre mía qué guapos! Me parece muy tierno y creo que resume algo divertido y profundo de nuestra relación. No vivíamos dentro de nosotros mismos, no decíamos qué guapos somos. Pero al mirar atrás lo pienso: estábamos bien ¿no. Me emociona esa imagen del hombre viejo y que recupera su imagen y se pone eufórico.
¿Tenían una economía medio estable?
Nos costó mucho tener estabilidad. Fuimos muy pobres. Paul recibió una pequeña herencia de su padre que nos ayudó a comprar un apartamento. Pero nuestro dinero mensual era mínimo. Paul escribió la Trilogía de Nueva York muy deprisa porque había recibido una beca y había que apurar. Yo trabajaba de profesora en la Universidad de Queens. Daba inglés a inmigrantes e introducción a la literatura. Paul había ido siempre muy corto de dinero, así que pensaba en la manera de ganar algo todo el tiempo. Y, cuando cumplió 40 años, cuando llevábamos seis años juntos, salió la Trilogía y casi en seguida se convirtió en un fenómeno. Y llegó el dinero. Había empezado de profesor en Princeton. Los dos teníamos varios trabajos para sobreviivir. Lo dejamos. Eso me permitió escribir y, después, ganar mi propio dinero con mis libros. No creo que fuera cuestión de justicia. Fue lo que ocurrió.
Yo pensaba en las novelas de Auster como una literatura amistosa, luminosa. Al leer su libro, me doy cuenta de que había mucha oscuridad.
¿Luminosa y amistosa? ¿La Trilogía? No lo veo muy claro.
Amistosa. Cada novela de Auster era como reencontrarse con la voz de un amigo. Y la oscuridad estaba pero entonces la vivía como algo más romántico que angustioso.
En ese sentido sí. Paul construyó una voz fiable y empática. Mire, cuando yo conocí a Paul, él escribía La invención de la soledad bajo la influencia de la muerte de su padre. Su padre había desatado su prosa al morir. El asesinato que había cometido su abuela se convirtió en parte de su libro. Yo conocía al hombre y entendía cómo de devastador fue ese asesinato en la familia. No hablaban de ello. Supongo que yo tenía un contexto más profundo y entendía que La invención de la soledad hablaba del trauma.
¿Cuándo pensó que Historias de fantasmas era el libro que tenía que ser?
Días después de la muerte de Paul entendí que lo único de lo que podía escribir era él, era nosotros, era nuestro largo tiempo juntos. Primero ideé el formato, luego llegó la idea de contar mi historia de fantasmas y más tarde descubrí que necesitaba desenterrar documentos en los que no me había fijado durante años. Al final tuve que decidir qué hacer con siete cartas que Paul había escribió para nuestro nieto Miles. Al principio, pensé en mantener las 35 páginas de esas cartas unidas, como un capítulo. No funcionaba bien. Probé a repartirlas y, al hacerlo, descubrí que el libro representaba un diálogo entre Paul y yo, el diálogo que nos unió durante 40 años de matrimonio. Para mí, la estructura de diálogo es muy importante.
¿Cómo era dialogar con Paul Auster?
Hay una cita de La noche del oráculo incluida en el libro que parece sacada de nuestras vidas. Paul decía algo y yo, que soy muy analítica, le decía: en esto que dices hay un fallo. Y él me miraba con cara de "venga, por favor, no hay que analizarlo todo". Yo era más racional y él lo era menos. A las personas no le gusta mucho escuchar eso.

Eso sale en el libro, cuenta que, en los enfados, usted hablaba muchísimo y él no decía nada.
Paul me decía; por favor, hablas tanto y articulas todo tanto, lo echas todo. Él no podía ni hablar. En parte, es una cuestión de género. Yo tengo más necesidad de defenderme. Él podía permitirse no hablar. Mire: yo doy conferencias académicas de temas como la neurociencia. El público siempre es masculino y las primeras preguntas siempre las hacen hombres. Primero son educados. Luego me atacan. He tenido que resistir. He tenido que estar muy concentrada. Él no tenía que hacerlo. No estaba en el mundo académico. Daba por hecho un respeto que las mujeres no tenemos.
Hay un momento genial del libro en el que Auster le lee algo que ha escrito, usted le dice: "Paul, esa frase es mía" y él contesta "mierda, es verdad". Y luego pasa al contrario.
Era inconsciente todo, que conste. Y pasaba en las dos direcciones. Lo puse para demostrar lo real y profunda que fue esa influencia. No puedo decir cómo me influyó Paul Auster. Él tampoco habría podido decirlo si estuviera aquí. Pero a veces él pensaba que había tenido ideas que eran mías. Lo creía de verdad.
¿Piensa en su muerte ahora?
Ver a Paul morir en mis brazos. Sentir que se moría... Fue algo tremendo Más tremendo que la muerte de mis padres que eran la generación anterior. Lo he pensado mucho: qué es lo que ha cambiado en mí desde entonces. No estoy segura de qué pero sé que algo ha cambiado. Me siento más cerca de la muerte. No me quiero morir, pero creo que tengo menos miedo. No estoy del todo segura y no lo sabré hasta que la tenga en frente. También puede que me muera de pronto. Pero si me ocurre como a Paul, si puedo decir «me estoy muriendo», quiero creer que tendré su valor.
Hábleme de Daniel, el primer hijo de Paul Auster, y de su bebé, Livy.
Lo pongo en el libro, ¿verdad? Hablar de Paul sin hablar de mi hijastro y de nuestra nieta sería un fraude y un absurdo. La noticia se conoció en todo el mundo. Cómo no abordarla. No menciono a la familia de Daniel fuera de nuestro hogar. No quería involucrarlos, y sería injusto. Hay historias que no puedo contar porque no son mías y otras que sí. Yo elijo la historia de un cómic de Daniel que hizo a los 12 años y que conservé. Hoy la veo como una parábola de su necesidad de esconderse. Lo humaniza. Habla con su voz. Por otra parte, quería dejar claro cuánto dolor y cuánto enfado sintió Paul cuando murió su nieta, un bebé, por la negligencia y la adicción de su padre... Pero era importante que eso no fuera la historia. Sucedieron cosas horribles en nuestra vida. Pero lo nuestro nunca fue horrible. Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. En nuestro caso, lo horrible no nos destruyó.
¿Cuál fue su fortaleza?
No fue un escudo. No fue cuestión de superar nada. La muerte de Ruby y la negligencia de Daniel no van a mejorar. Yo no diré nunca 'ya está, lo he superado'. Lo que puedo hacer es mirar a los ojos a lo que ha ocurrido, no para hacerlo más llevable sino entender que esta realidad truculenta es parte de nuestra vida y convive con una ternura y un amor inmenso que Paul y yo compartimos. Nos enganchamos a ese amor hasta el día de la muerte. No creo que fuéramos especímenes rarísimos. Hay personas que se aman mucho tiempo a través de una aceptación del cambio. Una pareja estática no va a funcionar nunca, adiós. Si entienden que el entre y el y que los unen son importantes, las personas se acomodan.
Hay muchas páginas en el libro dedicadas al presidente Donald Trump y a la nueva ultra derecha.
Creo que es una mezclaa de amnesia histórica e ignorancia. Muchas veces he escrito ensayos en los que he identificado a nuestro Gobierno como protofascista. Paul y yo lo teníamos muy claro y nos dimos cuentaa de que una república democrática no es una garantía suficiente que evite que la gente vote por el fascismo. Fue eso básicamente lo que ocurrió. Poca gente desde la izquierda ha dicho que las ¡elecciones de 2024 fueran ilegítimas. Yo no lo creo. 77 millones de personas de mi país votaron por un fascismo retórico muy poco disfrazado. La esencia es el rechazo de la realidad, no mirar. Pongamos que somos personas blancas que nos sentimos mal, no sabemos por qué. Alguien llega y nos dice: 'ellos lo han hecho'. Y entonces, volcamos nuestra negatividad hacia ese ellos. En la historia se repite siempre lo mismo. Ellos son los judíos, las brujas, los musulmanes en la India... Pensábamos que el budismo estaba libre de estas cosas pero no. Hay monjes que odian a los musulmanes. Los negros, los migrantes, las personas racializadas. Las feministas. Ellos lo hicieron, nosotros somos puros.

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