El rey Luis II de Francia era conocido como el Tartamudo, un monarca al que a menudo ridiculizaban en la corte y que tuvo escasa trascendencia polĂtica. La de Luis Enrique en el fĂştbol del paĂs galo es colosal. La segunda Champions del PSG, conquistada de forma consecutiva y en circunstancias adversas, con sus mejores ases, DembĂ©le, Kvaratsjelia y Vitinha, fuera de la tanda de penaltis, cimenta el calado del proyecto del asturiano en ParĂs y dispara la euforia desde las TullerĂas hasta la Bastilla, porque este nuevo rey Luis II lo es de todos.
En sus tres años en el Campo de los PrĂncipes, ha sumado dos tĂtulos y ha alcanzado unas semifinales en la competiciĂłn que da sentido a las colosales inversiones realizadas por los propietarios qatarĂes, todas deficitarias hasta la llegada de Luis Enrique a su banquillo, fuera con Neymar, Messi, Sergio Ramos o hasta MbappĂ©.
Estas dos Champions han coincidido con las dos temporadas sin el astro francĂ©s, despuĂ©s de su llegada al BernabĂ©u. Una lectura dolorosa para el futbolista, pero tambiĂ©n aleccionadora para todos, incluido el Madrid, cuyo presidente, Florentino PĂ©rez, observĂł la victoria del PSG en el palco del Puskas Arena. El PSG serĂa mejor con MbappĂ©, por supuesto, pero no serĂa el mismo equipo. MbappĂ© es el sĂntoma del cambio, de la reconstrucciĂłn por una vĂa distinta a la seguida hasta la llegada del tĂ©cnico. El fĂştbol la premia, incluso en la ruleta rusa de los penaltis.
Para Luis Enrique esta era en ParĂs tiene tambiĂ©n algo de resurrecciĂłn personal, en lo vital y lo futbolĂstico. DespuĂ©s de la tragedia que supuso perder a su hija Xana, el regreso a la selecciĂłn resultĂł un fracaso, eliminado en octavos del Mundial de Qatar por Marruecos, precisamente en los penaltis. Una eliminaciĂłn de las pesan, acompañada de decisiones erráticas, de la que no es fácil reponerse. La apuesta del PSG era de riesgo, convertido en una trituradora de entrenadores, pero el riesgo es uno de los rasgos que definen a este surfero del fĂştbol, que suma ya tres Champions, si se añade la conquistada con el Barça.
Lo que ha hecho Luis Enrique en el PSG es similar a lo que realiza Mikel Arteta en el Arsenal, aunque sin Champions y sin riesgos. Con una propuesta a contraestilo de lo que ha sido este equipo, ha ganado la Premier para el club 22 años después y lo ha llevado a su segunda final de la historia en el gran torneo europeo, que se jugó la mayor parte del partido cómo deseaba el vasco. Con su planteamiento, Arteta hizo peor al PSG, bloqueado, sin soluciones, muy lejos del de las semifinales contra el Bayern. Le faltó ser mejor en lo ofensivo y le faltó ser Luis Enrique.